
El 16 de septiembre de 1976, diez estudiantes secundarios entre catorce y diecisiete años, fueron secuestrados en la ciudad de La Plata, por el Batallón 601 del servicio de Inteligencia del Ejército y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que calificó al suceso como "accionar subversivo en las Escuelas".
Los compañeros fueron: Daniel Racero, María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Francisco López Muntaner, Claudio de Acha, Horacio Ungaro. Todos continúan detenidos desaparecidos y los compañeros Pablo Díaz, Gustavo Calotti, Emilce Moler, Patricia Mirada sobrevivieron para contar la historia.
A 32 años del hecho, Ramón Camps ha fallecido y su confesor (Cristián Federico von Wernich) ha sido condenado a reclusión perpetúa como coautor y participe necesario en distintos casos calificados como crímenes de lesa humanidad en marco de un genocidio, y es alojado en una cárcel común, luego de haberse revocado su pedido de prisión domiciliaria.
Los lápices continúan escribiendo, más que nunca, con ese país que los compañeros soñaron. La juventud ha comenzado a organizarse, a discutir política y a dejar de ser actores pasivos en la construcción de un país.
Comparto con ustedes el poema escrito por Pablo Díaz a su amiga Claudia:
"Hoy me he quedado inmóvil observando en el recuerdo el beso que se estrellaba en el muro.
Flor o acero. Ni ángel ni desángel.
Sólo la verdad desnuda.
La voz es un reclamo de amor y un instante duro.
Pero las manos no pierden el momento de tus manos.
¿dónde estás, en qué tiempo, en qué mundo te encuentro?
¿Hasta dónde estiro la mirada para verte?
Si me dieras una señal, el próximo 31 de diciembre
me llegaría hasta vos.
No creas que no te busco, no me olvido, pues no hubo adiós; nos dijimos hasta luego.
Por favor, que las aguas del mar te traigan hasta mí.
O la soledad del otoño, o las flores de la primavera. Como quieras.
Pero no dejes de volver a lo que soñamos.
Si no es conmigo, ojalá que igual estés en paz.
¿Te acordás?
Habíamos quedado en ir de vacaciones o de juntarnos todos los chicos a tomar cerveza.
Pero estoy solo, ni vos ni ellos han vuelto.
Y yo camino mirando a ver si los encuentro.
Me junto con sus madres, padres, hermanos, tíos, amigos y no sé qué decirles, ¿dónde están las palabras para ellos?
Todavía no he aprendido a no desafinar, ¿y las idas a las villas?
¿Qué es esto de sobreviviente? ¡Por favor!
Que algún día los encuentre."
Por la memoria, por la identidad, por la verdad, por la justicia.
Porque solo la verdad nos hará libres!







