
En la edición del día 7 de junio del corriente, el Sr. Bartolomé Mitre, director del diario La Nación, publicó bajo el título “Veredas eternamente rotas” una editorial acerca del estado de las veredas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En ella esgrime que las condiciones en que se encuentran las veredas de la Ciudad ponen “en riesgo la integridad física de los peatones, atenta contra su calidad de vida y desmerece la fisonomía urbana”. Sin dudas, toda la razón le asiste al editor en este sentido. Las veredas de nuestra Ciudad son el espacio público por excelencia, son las arterias de Buenos Aires por donde transitan millones de personas y como tal merecen estar en las mejores condiciones posibles.
Ahora bien, lo que motiva estas líneas es que entiendo que el editor ha equivocado el enfoque a partir del cuál analiza las razones que nos llevaron a esta lamentable situación. Manifiesta que “Los motivos de esas deficiencias son diversos. Van desde la desidia de las empresas de servicios públicos, que rompen y perforan, pero no tapan con similar celeridad y prolijidad, hasta la indiferencia de los propietarios frentistas, poco dispuestos a incurrir en gastos para reparar aquello que otros han destruido, teniendo en cuenta que todos los años deben abonar, puntualmente y sin posibilidad de discusión, la tasa por el mantenimiento de los pavimentos y las aceras. También están las roturas provocadas por el crecimiento de las raíces de los árboles y el desgaste natural que va resintiendo el embaldosado, sin que nadie se preocupe por repararlo.”
En una Ciudad tan compleja como Buenos Aires, las problemáticas urbanas no deben ser analizadas a partir de la instantánea de un momento determinado, sino que debemos buscar sus antecedentes y evolución para poder comprender porqué estamos como estamos. Un recorte parcial de la realidad nos puede llevar a realizar un diagnostico erróneo y no alcanzar la solución esperada.
En este sentido, y en lo que respecta al tema que nos incumbe, no podemos desconocer que una de las primeras medidas que tomó el actual Jefe de Gobierno Mauricio Macri fue la implementación de un nuevo sistema para las obras de cierre de las aperturas y roturas en la vía pública. Con la sanción por parte de la Legislatura de la ley 2634 (sesión del 20/12/2007), impulsada por el oficialismo a poco de asumir en el Gobierno, las tareas de reparación comenzaron a recaer en el propio Gobierno de la Ciudad, debiendo las empresas de servicios públicos que pretendían realizar una apertura o rotura en el espacio público, efectivizar un pago anticipado equivalente al costo de la obra que posteriormente realizaría la Ciudad. Por su parte, las reparaciones provocadas por el crecimiento de las raíces de los árboles siempre han recaído en el Gobierno Porteño.
Este mecanismo, como tantos otros que ha implementado Mauricio Macri ha fracasado. No sólo nunca se logró el esperado pago anticipado de las empresas de servicios públicos sino que la demora en la reparación por parte del Gobierno fue mucho mayor a lo esperado, acumulándose de esta manera veredas rotas al por mayor.
La ley que estableció este sistema no ha sido modificada y ni derogada, con lo cual la Ciudad continúa siendo juridicamente responsable. No obstante, a partir de publicaciones periodísticas (Clarín 05/02/2010), tomamos conocimiento que el Gobierno de la Ciudad habría dado marcha atrás con este mecanismo y hoy, pese que la ley establece todo lo contrario, serían las empresas de servicios públicos nuevamente las encargadas de reparar las veredas.
Idea y vueltas, improvisación, en un área tan básica y esencial para la administración de una Ciudad como es el mantenimiento de sus veredas. Mientras, los vecinos nunca terminan de entender a quién tienen que reclamar, mientras continúan abonando un ABL cada día mal alto.










